El Tiempo del Ruido

9 Oct

 “… vimos en el centro del patio a alberca bautismal donde fueron cristianizadas con sacramentos marciales más de cinco generaciones, vimos en el fondo la antigua caballeriza de los virreyes transformada en cochera, y vimos entre las camelias y las mariposas la berlina de los tiempos del ruido, el furgón de la peste, la carroza del año del cometa, el coche fúnebre del progreso dentro del orden, la limusina sonámbula del primer siglo de paz, todos en buen estado bajo la telaraña polvorienta y todos pintados con los colores de la bandera.” (El otoño del patriarca; Gabriel García Márquez)

El tiempo del ruido. Sinónimo de épocas pasadas para los abuelos, que habían oído por generaciones la historia de un estruendo aterrador que, acompañado de un infernal hedor a azufre, parecía traer consigo la destrucción del Nuevo Reino de Granada en el Juicio Final. (fuente). La tradición oral, junto con manifestaciones religiosas que se realizaban en Bogotá y Tunja cada año, se encargaron de preservar en la memoria ese hecho inexplicable que aterró a los bogotanos en la noche del 9 de marzo de 1687.

Colegio Mayor de San Bartolomé (Fuente)

El evento

Un ruido que comenzó hacia las diez de la noche y se mantuvo por cerca de quince minutos, despertó a los capitalinos que, aterrorizados, huyeron hacia los claustros religiosos en donde se mantuvieron en oración y ayuno, tratando de salvar sus almas impías de la llegada del Apocalipsis.

Decía Pedro de Mercado S.J., al respecto: “Los gritos de la gente, el estruendo que recorría el aire, el bramar de la tierra, el aullido de los perros y el triste repiquetear de las campanas hizo recordar el final de los tiempos descrito en las Sagradas Escrituras”.  El reporte de Mercado, escrito en 1691 y firmado por otros testigos, es considerado como el documento original del suceso y presenta información fundamental para establecer posibles causas del Ruido (Fuente).

No cabe duda sobre la legitimidad del fenómeno, pues este y otros documentos fueron estudiados posteriormente por historiadores y científicos, quienes no dudan de su veracidad. El Padre Jesús Emilio Ramírez, S.J., que fundó el Instituto Geofísico de los Andes Septentrionales (primero en su categoría), que hoy en día corresponde al Instituto Geofísico de la Universidad Javeriana, resumió así los eventos asociados a El Ruido:

“Andando los tiempos cuentan las historias que aconteció un medroso y extraño ruido como el disparar en “batería continua”, en la apacible noche del 9 de marzo de 1687. Este ruido, que hoy se cree de origen atmosférico, pero que aquellos tiempos nadie dio con su causa, dejó asombrados y atónitos a todos los habitantes de Santa Fe y de la sabana, que se lanzaron a las calles aumentando la confusión, en medio de las tinieblas de la noche. Todos los cronistas están de acuerdo en que no hubo temblor de tierra, ni muertos, ni heridos, ni daños materiales. Se citan aquí las referencias para que los aficionados a leer los detalles del susto y del porqué de la famosa expresión ‘eso es del tiempo del ruido’, puedan saber lo que se produjo en tiempo del presidente el caballero de Calatrava D. Gil Cabrera.”

Ramírez fue Doctor en geofísica de la Universidad de Saint Louis y como parte de sus labores en el Instituto, compiló la información de catástrofes disponible desde los tiempos de la colonia. En 1974, publicó el que (según tengo entendido), fue el primer catálogo de eventos sísmicos del país.

Jesús Emilio Ramírez, S.J. (Fuente)

Hipótesis

El relato del sacerdote Mercado ha sido contrastado con la información cualitativa y los estudios que explican diferentes tipos de eventos de la naturaleza. Se descartaron de inmediato los terremotos y las erupciones volcánicas a partir de la información incluida en el texto.

Augusto Espinosa, uno de los ingenieros más destacados del país, estimó que el Ruido pudo haber sido causado por una creciente del Río San Cristóbal. De cualquier manera, no existe información geológica que confirme la hipótesis y la canalización artificial de la corriente destruyó cualquier prueba a favor o en contra de este postulado  (fuente).

La teoría más acertada parece ser aquella sobre la caída de un meteoroide, la cual fue publicada en 2005 por Moreno y Portilla, quienes se apoyaron en varios estudios que incluyen los de Sears (1978) y Hildebrand et. al. (2000), acerca de la entrada de cuerpos celestes a la atmósfera terrestre.

La narración precisa de los eventos del 9 de marzo le permitieron a Moreno confirmar su tesis, al tiempo que pudo descartar otras causas relacionadas con El Ruido. Los fenómenos en los que se apoya son los siguientes:

EL RUIDO: Mercado describió la claridad de la noche, eliminando así las tormentas como fuente de los tremores escuchados. Moreno tradujo este aparte del documento original de la siguiente forma:

Así pues, el día domingo que era el séptimo antes de las Idus de Marzo (9 de marzo) del 87, horas antes de la media noche (noche en la que no había ni siquiera una nubecilla, y que el cielo ofrecia un espectáculo maravilloso con todas sus es trellas, noche que invitaba a un gran descanso y tran quilidad) de repente se escuchó en la ciudad de Santa Fe y en las ciudades circunvecinas por muchas leguas un estruendo tan horrible y aterrador…”

EL OLOR:  En el 85% de los casos, las caídas de meteoroides generan fuertes ruidos que, según Hildebrand, están acompañados de fuertes olores que pueden percibirse hasta a 100 km del lugar de la caída. Para fortalecer el carácter de su relato, Mercado describió así el hedor:

“Esto lo prueba el fuerte olor a azufre que contaminó el aire por muchas horas, de modo que los ciudadanos al salir de casa, incapaces de evitar el olor no llevaban en la mano perfume alguno. Todos estaban de acuerdo con preguntarse mutuamente si en realidad ese fétido olor estaba esparcido por el aíre. Entre los que aseguraban haber percibido la fetidez se encuentran el Superior, muchos miembros de nuestra Sociedad, igualmente muchas otras personas reconocidas por su veracidad, entre las que se encuentran el decano de la iglesia catedral que en ese tiempo desempeñaba el cargo de Provisor, el Vicario General, varón de probada integridad.”

Frente a la pregunta obvia de por qué no se vio ningún resplandor, Moreno argumenta que sólo en el 55% de los eventos, los testigos informan haber visto alguna luz que pudiera asociarse al suceso. Además, dado que El Ruido ocurrió tarde en la noche cuando todos ya dormían, es posible que no hubieran estado despiertos para presenciar la caída en sí.

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3 comentarios to “El Tiempo del Ruido”

  1. Danilo octubre 9, 2012 a 8:30 pm #

    Mi abuela y mi mamá dicen “eso es de los tiempos del ruido”; es una expresión con una historia muy chévere, qué maravilla que la hayas escrito.
    Seguramente en unos años la utilizaré; debemos preservar esa expresión.

    Saludos.

  2. Juan Diego octubre 10, 2012 a 3:52 am #

    Bien apasionante la historia esta. Podría preguntarse uno ¿qué rastro dejó, de haber sido esa la causa, la caída de este meteoroide? ¿Es ingenuo pensar que siempre queda un cráter gigante que permanece visible por cientos de años o más?

  3. Andrés Meza-Escallón (@ApoloDuvalis) octubre 11, 2012 a 1:41 am #

    Muy interesante este relato, gracias por compartirlo. n_n

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